En la actualidad, en nuestro país las únicas insulinas que se
utilizan son las insulinas humanas biosintéticas, que se obtienen mediante
técnicas de recombinación genética a partir de cultivos de bacterias (Escherichia
coli) o levaduras. La insulina se administra por vía subcutánea mediante jeringuillas,
«plumas» con cartuchos recargables, «plumas» desechables o bombas de infusión.
Sin embargo, en situación de descompensación metabólica grave, se administrará
por vía intramuscular o intravenosa.
En los últimos años han empezado a utilizarse los análogos
insulínicos de acción rápida (insulina lispro), que se obtienen al cambiar un
aminoácido en la secuencia de la insulina. Estos análogos tienen idéntica potencia
hipoglucémica que la insulina regular, pero al absorberse de forma más rápida
presentan un pico insulinémico más precoz (1 h), más elevado y de menor
duración (4 h). Debido a su corta duración producen menos hipoglucemias tardías
pero, por el mismo motivo, en muchas ocasiones será necesario añadir una dosis
adicional de insulina de acción intermedia.
Pautas de insulinoterapia
Desde un punto de vista global, la insulinoterapia puede
dividirse en convencional e intensiva. La insulinoterapia convencional
comprende el uso de una o dos inyecciones de insulina (en ocasiones más), autoanálisis
glucémico esporádico y escasa modificación de la pauta de insulina por el
paciente en función de la glucemia, o de variaciones en la dieta o en la
actividad física.


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